Monumento megalítico funerario perteneciente a la época prehistórica (Calcolítico). Descubierto por Álvaro de Gortazar en 1935 y excavado en un primer momento por Joxe María de Barandiaran. Han sido a posteriori varios los arqueólogos que han trabajado en sucesivas labores de excavación y asentamiento hasta presentar la imagen actual del dolmen (M. F. Medrano, J. M. Apellaniz, J. Fdez. Eraso y J. A. Mujika). Constituye uno de los mejores conservados y más visitados en Euskal Herria. Varias leyendas locales tienen en él a su protagonista e inspiración.
Dolmen descubierto en el año 1943, configurado en base a una cámara poligonal y un corredor. La cámara esta formada por 6 losas de arenisca. El corredor está configurado por 4 losas. No presenta ninguna losa de cubierta, lo cubre un túmulo poco acusado. Se hallaron en su interior diversos elementos, como un punzón de hueso, fragmentos de cerámica y un hacha pulimentada de Fita.
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Se trata de un bonito palacio barroco del siglo XVIII, que constituye uno de los ejemplares más interesantes de la arquitectura rural de Rioja Alavesa. Conserva bellos elementos de carpintería y forja. En su interior (pasamanos) descubrimos un singular trabajo de cantería que representa un monstruo marino.
Es un símbolo de jurisdicción tanto territorial como penal, así como símbolo de autonomía municipal. Los rollos o picotas se colocaban en cruces de caminos o en lugares altos, y si no en la plaza del pueblo.
Elvillar adquirió su condición de villa de pleno derecho el 22 de febrero de 1667 otorgado por el rey, en este caso la reina Mariana de Austria, regente en la minoría de edad de Carlos II, tras lograr eximirse de la Villa y Tierra de Laguardia.
En Rioja Alavesa se conocen más de un centenar de lagares excavados en roca, repartidos en distintas localizaciones. Su función fue el estrujado de la uva a pie de viña, mediante pisado simple o prensado mecánico, para obtener el mosto y transportarlo hasta los lugares de almacenamiento y consumo. La mayoría de ellos se ubican en Labastida, Samaniego y Villabuena, pero el ejemplar de San Vicente en Elvillar es una instalación especial por varios motivos. En primer lugar por su localización, a los pies de la Sierra y en un entorno de gran belleza. En segundo lugar porque conserva bastante bien toda su estructura y todavía son apreciables las huellas de un pórtico de prensa. Y en tercer lugar porque es el ejemplar mejor conocido arqueológicamente de la comarca, pudiendo datarse su uso entre los siglos IX y XII, coincidiendo con la existencia de una aldea (San Vicente) en las cercanías, ya desaparecida.
Situado al final de la calle Herrerías, constituye un ejemplo algo sesgado del primer proceso en la elaboración del vino en tiempos ancestrales. El lagar es una estructura excavada en afloramientos rocosos en forma de bañera.
Sin duda alguna es el centro de la vida de la villa y de aquí parte muchas de las calles que configuran Elvillar. De grandes dimensiones y planta cuadrada, alberga en su centro una fuente de piedra de estilo Neoclásico de cuatro caños. En el sur nos encontramos con la Iglesia Nuestra Señora de la Asunción, y en su parte oeste con casas palaciegas (barrocas). El resto de la plaza es circundada por viviendas más sencillas con diferentes trabajos de cantería.
Situada en plena Sierra de Cantabria y al norte del pueblo constituye un refugio natural rocoso que sirvió ya desde la prehistoria (Neolítico Antiguo) para la estabulación de la ganadería doméstica, siendo uno de los yacimientos más importantes del norte de la Península y sur de Europa.
El Lavadero de El Soto es el único que se conserva de los dos lavaderos comunitarios que tuvo Elvillar. Recuperado en 2024 mediante jornadas de auzolan vecinal, volvió a hacerse accesible tras décadas cubierto por tierra y maleza, dejando a la vista la poza y las losas originales.
Tradicionalmente, las mujeres acudían aquí a lavar la ropa, arrodilladas sobre la piedra y aprovechando que en este punto el agua manaba algo más templada que en el lavadero de la calle Somillo. Además de su función doméstica, fue un lugar de encuentro, conversación y apoyo mutuo entre vecinas, formando parte de la vida cotidiana del pueblo.
Su recuperación supone rescatar un elemento patrimonial y, al mismo tiempo, poner en valor la memoria de quienes lo utilizaron, contribuyendo a preservar la cultura material e inmaterial vinculada a la historia de Elvillar.
Si quieres conocer más sobre el patrimonio de Elvillar, escucha esta canción.
