Categorías: Sin categoría

Comparte

Categorías

Compartir

Categorías: Sin categoría

En 2024, las mujeres de Elvillar volvieron a encontrarse para seguir tejiendo juntas la memoria, los cuidados y las historias que forman parte de la vida en el pueblo. Volvieron porque “siempre merece la pena, siempre salgo muy contenta”, volvieron porque cuando están juntas “los golpes se sanan antes”, volvieron porque sentarse a recordar y compartir nos acerca, nos transforma y nos da fuerza.

En esta ocasión, Tejiendo Lazos de Sabiduría abrió una puerta nueva: además de seguir recordando y cuidando los rincones medicinales creados en 2023, las participantes recrearon algunos de los recuerdos y espacios donde las mujeres se reunían antaño: el lavadero, la iglesia, el horno, la costura en la calle, los paseos, las conversaciones, el cortejo, los rituales cotidianos. Historias que se podían tocar, oler, escuchar. Historias que en palabras de una de las participantes “eran difíciles de contar, pero muy fáciles de sentir”.

La memoria volvió a aparecer en forma de anécdotas, canciones, costumbres, trabajos invisibles y vivencias compartidas. “Antes una mujer no podía salir a la calle sin estar haciendo algo”, contaron. “Mi madre nunca paseaba”, recordaron otras. Historias del día a día que hablan de desigualdades, pero también de resistencia, de amistad y de cuidados entre mujeres.

Cada sesión fue una invitación a mirar atrás sin nostalgia paralizante, sino como quien vuelve a pasar por el corazón aquello que le hizo ser quien es. “Somos el sueño de las que fueron”, recordaron.

Uno de los momentos más emocionantes del año fue la representación pública realizada en las calles de Elvillar. Vestidas, acompañadas de objetos cotidianos, gestos y músicas, las mujeres recrearon escenas que forman parte de la memoria colectiva del pueblo. No fue teatro: fue agradecimiento, reconocimiento y homenaje. “Hoy queremos honrar a tantas mujeres que sacaron adelante a sus familias y a sus gentes”, se dijo al comenzar el recorrido.

Los recuerdos se hicieron cuerpo: manos lavando en el lavadero de El Soto, ropa al sol, trapear la iglesia, llevar la comida al campo, tejer en la calle, mirarse cómplices en los portales. Cada gesto fue un puente entre generaciones.

Lo más impresionante no fueron sólo los recuerdos, sino la fuerza del “nosotras que volvió a construirse. “Aquí todas enseñamos y aprendemos”, ya se había dicho en 2023. Este año se confirmó. El pueblo acompañó, escuchó, se emocionó. Y quienes participaron sintieron, una vez más, lo que significa crear comunidad desde dentro.

Al terminar, una mujer dijo algo que podría resumirlo todo: Esto es un tesoro”.

Y lo es. Porque lo que las mujeres de Elvillar están haciendo —con su memoria, sus cuidados, sus historias, su fuerza y su ternura— es llenar de vida un patrimonio que casi nunca aparece en los libros de historia, pero que sostiene la vida de los pueblos: la historia cotidiana, la de las manos, la de la calle, la de las pequeñas resistencias.

Puedes ver algunos de los momentos recreados en este vídeo.

Otro de los momentos más significativos de este año fue la recuperación del antiguo lavadero de El Soto, el único que queda en pie de los dos que existieron en Elvillar. Durante décadas había permanecido cubierto de tierra, maleza y piedras, casi invisible, como tantas historias de mujeres que quedaron pendientes de reconocer. Cuando el grupo propuso adecuarlo para la jornada de homenaje, el Ayuntamiento convocó varias jornadas comunitarias de auzolan/vereda abiertas a todo el pueblo. Vecinas y vecinos acudieron de manera totalmente desinteresada, y, poco a poco, lograron devolver al lavadero parte de su dignidad: apareció el suelo, se vio de nuevo la losa, se limpió la poza, se abrió el camino. Emocionaba ver cómo un espacio olvidado volvía a respirar gracias a manos amigas.

No se trató solo de mejorar un lugar físico, sino de recordar lo que ese lavadero había significado para generaciones de mujeres: un punto de encuentro, conversación, trabajo y cuidados compartidos. Recuperarlo fue reconocer ese legado y transformarlo en motivo de orgullo colectivo. “Habíamos oído historias del lavadero, pero limpiarlo juntas fue como estar con ellas”, comentaron algunas participantes. Una prueba más de que la memoria crece cuando se comparte.

NO TE PIERDAS NADA

Suscríbete a nuestra Newsletter

Déjanos un comentario

Noticias relacionadas

No hemos encontrado noticias relacionadas