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Serafín asegura el último saco de grano sobre su mula mientras Eugenia, su mujer, oculta en una de las alforjas una cuartilla de aceite que Serafín prometió entregar a Damián el de las patatas. Ésta estaba escondida tras una trampilla en una de las alacenas de la casa.
Eugenia agitada le habla: «¡Serafín, por Dios!, vuelve entero mi amor». Él responde: «tranquila mujer, antes del amanecer estaré de vuelta». Un beso da inicio al viaje hacia Bernedo.
El estraperlo es una actividad consistente en el tráfico ilegal de mercancías sujeta a tasas, al racionamiento, o a productos intervenidos por el Estado. Proliferó en todo el estado después de la guerra civil haciéndose habitual en muchos de los pueblos de Rioja Alavesa.
Desde Elvillar, atravesando la sierra, subían cargadas las caballerías con grano para moler en los molinos de Bernedo; en las alforjas también viajaba aceite y vino para luego volver con harina y patatas.
En la calle Camino de Bernedo de Elvillar muchos niños escucharon de voz de los longevos estraperlistas la infinidad de anécdotas y sucesos ocurridos en aquella época.
Serafín prefería la compañía de la luna nueva para subir por el atrincherado puerto de La Cañada. Un ruido lo pone en alerta pero el miedo se tiene que oír de dientes para adentro para no despertar el oído ni el odio de los que montan guardia.

La Guardia Civil solía interceptar a los estraperlistas y en el mejor de los casos se les era requerida la mercancía, en otros además eran multados, y en el peor de los casos abatidos con bala. Luego, estos mismos y en ocasiones, ayudaban a cargar a los estraperlistas los sacos en las mulas en el molino a cambio de dinero. Contradicciones y miserias que también crearon lazos de solidaridad entre los dos pueblos. Nos consta que en ocasiones las multas eran pagadas entre los vecinos y que se transportaban mercancías a aquellas personas que no lo podían hacer.
Serafín se detiene en el bosque a la entrada de Bernedo a la espera de la señal que le advierta de que el camino está libre de guardias. En el molino entrega el grano y el aceite para Damián, que ya ha dejado las patatas acordadas. «¡Cuídate y dale recuerdos a Eugenia!», se despide Marcial, el molinero, una vez cargada la mula para el viaje de vuelta.
Hoy en día la montaña vuelve a unir a los pueblos de Evillar y Bernedo homenajeando el valor y sacrificio de sus predecesores en un ambiente de alegría y encuentro. Una marcha a pie con la compañía de caballos une las dos localidades en el comienzo de la jornada. No puede faltar el homenaje a los estraperlistas y una comida. El frontón es testigo del primi entre los pueblos y que deja las manos calientes para toda la semana. La música y la
txozna terminan por soldar este magnífico día.
Los cascos de la mula retumban entre las fachadas de piedra de la Calle Argumento. Eugenia, tras los cristales, sonríe nerviosa a Serafín. Éste le devuelve la sonrisa, los dos respiran aliviados.
Gora Bernedo! Gora Bilar! y ¡larga vida al mundo rural!












